La noche de sofá que estabas buscando
Es viernes, no te apetece salir, y las plataformas de siempre te ofrecen la misma docena de carteles recalentados. Ahí es donde entra The Exorcists, estrenada en 2023 y dirigida por Jose Prendes, un tipo que se ha pasado media vida demostrando que con fe (y un presupuesto ajustado) se puede facturar terror religioso con oficio y sin complejos.
La premisa no se anda con rodeos: una niña deja de ser una niña. Algo antiguo se ha instalado en su cuerpo y, como buen inquilino de ultratumba, no tiene intención de pagar alquiler ni de negociar el desahucio. El padre, desesperado, hace lo que haría cualquiera en su situación de manual de terror: llamar no a uno, sino a tres exorcistas. Tres métodos distintos, tres egos como catedrales, y un único demonio que probablemente disfruta viendo cómo se pisan entre ellos mientras intenta salir por la puerta de atrás.
Tres exorcistas son mejor que uno (o eso creen ellos)
Aquí está la gracia del asunto: la película convierte el clásico duelo entre un exorcista y un demonio en algo más parecido a una reunión de trabajo mal gestionada. Cada uno de los tres profesionales viene con su propio manual, su propia teología y, sospechamos, su propio ego bien alimentado. El resultado es una dinámica coral que le da al filme un pulso distinto al del exorcismo solitario de toda la vida: aquí el enemigo no solo es el demonio, también es el compañero de rezos que insiste en hacerlo a su manera.
Y luego está el giro que convierte esto en algo más que un ejercicio de género: la entidad que ocupa a la niña no es el jefe final. Es, como quien dice, el portero de la discoteca. Detrás de él espera algo con ambiciones bastante más grandes que poseer a una cría en una casa con goteras. Ese salto de escala —de lo doméstico a lo cósmico— es lo que le da a la trama un motivo extra para seguir viendo, más allá del morbo clásico de ver a un cura discutiendo latín con lo indecible.
