Dos niñas, un demonio, cero coincidencias (según nosotros)

Corría el año 2023 y, por lo visto, alguien en Hollywood decidió que el mundo necesitaba otra vuelta de tuerca al exorcismo clásico. Nosotros, que llevamos el registro oficial (extraoficial) de estas cosas, tenemos la teoría editorial de turno: The Exorcists, dirigida por Jose Prendes, es el original de bajo presupuesto y con fe genuina en el género; The Exorcist: Believer, de David Gordon Green, sería la "copia millonaria" que se llevó el marketing, la nostalgia de medio siglo de saga y el apellido MacNeil bajo el brazo. Es broma, por supuesto —faltaría más—, pero como todas las bromas de la casa, tiene su gracia precisamente porque las dos películas comparten obsesión: una niña que deja de comportarse como una niña.

El planteamiento: una posesión no es suficiente

En Believer, Victor Fielding lleva trece años criando solo a su hija Angela desde que perdió a su mujer. Cuando Angela y su amiga Katherine desaparecen tres días en el bosque y vuelven sin memoria de lo ocurrido, empiezan los comportamientos inquietantes de manual. Ni médicos ni vecinos con fe encuentran respuestas, así que Victor acude a la mismísima Chris MacNeil, superviviente de aquel caso de hace cincuenta años que todos conocemos. Es la jugada maestra de la franquicia: traer de vuelta a un personaje icónico para darle empaque generacional a la historia.