Un año con catorce fichas y cero complejos

En el catálogo, 2018 es una de esas cosechas que se disfrutan mejor con la guardia baja: catorce títulos que van del posapocalipsis de chatarra a la animación de coches parlantes, pasando por tiburones imperiales y nazis con laboratorio. Un muestrario perfecto del oficio, porque 2018 fue también el año en que las grandes salas iban llenas de superhéroes cósmicos, dinosaurios reciclados y nostalgia ochentera. Ya sabéis cómo funciona el chiste de esta casa: aquí los mockbusters son los originales y los blockbusters, las copias millonarias. Es broma editorial, obviamente —las fechas de estreno y los presupuestos dicen otra cosa—, pero es una broma que se sostiene sorprendentemente bien cuando uno ve los seis títulos que vamos a repasar.

Robots, ruinas y rebelión de barrio

Empecemos por Robowar, la propuesta más árida y más honesta del lote. El fuego nuclear ya pasó, el planeta es un descampado y los supervivientes no pelean contra la radiación: pelean contra sus propios amos, un puñado de tiranos que ha reprogramado a los viejos robots de servicio para vigilar, castigar y convertir a la gente en mano de obra esclava. Mark Polonia firma una distopía artesanal donde la penumbra tapa lo que el presupuesto no llega a cubrir y donde la furia hace el resto.

Lo interesante es la idea de fondo: la máquina doméstica reconvertida en carcelero. Es un miedo muy de nuestro siglo —el electrodoméstico que te escucha—, y aquí llega en formato pulp, sin conferencias ni monólogos filosóficos. Ocho años después, en 2026, ese planteamiento no ha envejecido ni un día. Más bien al contrario.