El expediente: quién llegó primero
En Mockbusters.tv tenemos una norma no escrita que aplicamos con cariño y bastante mala fe: si el calendario dice que A salió antes que B, entonces A es el "original" y B es la "copia millonaria". Es broma editorial, nadie va a demandar a nadie en esta redacción, pero hoy el caso se presta especialmente bien al juego.
Los hechos, estos sí verificables: 2012 Doomsday llegó en 2008. 2012, la superproducción con presupuesto de estudio grande, se estrenó en 2009. Un año de diferencia, mismo número mágico en el título, mismo miedo ancestral (o pseudoancestral) a que el mundo se acabe justo el 21 de diciembre. Sacad vuestras propias conclusiones, que para eso están los tribunales de la sobremesa.
Dos apocalipsis, dos maneras de vivirlo
La versión de estudio grande apuesta por la escala: una mina de cobre en la India donde el agua hierve sin explicación, un geólogo (Adrian Helmsley) que entiende antes que nadie que el núcleo del planeta se está recalentando, un presidente que firma en secreto la construcción de unas arcas para salvar a unos pocos elegidos, y un escritor de Los Ángeles, Jackson Curtis, que descubre la verdad por casualidad y solo quiere sacar a sus hijos de la ciudad antes de que el suelo se abra. Efectos especiales de presupuesto astronómico, cordillera que se resquebraja, aviones esquivando grietas del tamaño de un país.
2012 Doomsday plantea el mismo fin del mundo pero con los pies más cerca del barro (y del misticismo): una arqueóloga que ha dedicado su carrera a descifrar la cuenta larga maya encuentra un crucifijo enterrado en un templo del sur de México, y lo que iba a ser un paper académico se convierte en advertencia. La NASA registra un desplazamiento polar, el cielo se comporta de forma rara, hay tormentas que no deberían existir, y cuatro desconocidos —cada uno arrastrando su propia fe o su propia ciencia— acaban convergiendo hacia el mismo altar mientras el mundo se agrieta a su alrededor. Menos arca, más templo. Menos Washington, más excavación clandestina.

